EDITORIAL-OPINION
2026-08-09 01:14:43
El IPC de la Ciudad de Buenos Aires aceleró con fuerza en julio y quedó muy por encima de las expectativas. El dato vuelve a encender las alarmas sobre una inflación que, pese a la desaceleración de los últimos meses, todavía muestra señales de resistencia.
El IPC de la Ciudad de Buenos Aires aceleró con fuerza en julio y quedó muy por encima de las expectativas. El dato vuelve a encender las alarmas sobre una inflación que, pese a la desaceleración de los últimos meses, todavía muestra señales de resistencia.
El IPC de la Ciudad de Buenos Aires aceleró con fuerza en julio y quedó muy por encima de las expectativas. El dato vuelve a encender las alarmas sobre una inflación que, pese a la desaceleración de los últimos meses, todavía muestra señales de resistencia.
POR: Esp. Ing. Arnoldo Domingo Pucci
Director CEPEF
08.08.2026
El 2,9% de inflación porteña que desnuda el relato oficial
El dato llegó como un cachetazo a la city porteña. El IPC de la Ciudad de Buenos Aires
marcó 2,9% en julio, muy por encima del 1,8% de junio y lejos, pero lejos, del 2% que
auguraba el propio Relevamiento de Expectativas del Mercado que publica el Banco
Central. No es un desvío menor: es la prueba de que la desinflación que el Gobierno exhibe
como bandera empieza a mostrar grietas.
Si la proyección que arroja ese salto porteño para el índice nacional se confirma en 2,7%,
el mensaje es inequívoco: la inflación no bajó, se escondió detrás de un invierno con
tarifas contenidas y dólar planchado.
Alcanza con mirar quién empujó el número de julio:
turismo, alojamiento, alimentos y servicios regulados, justo los rubros donde el Estado
tiene más margen para maquillar el corto plazo y menos para sostenerlo en el tiempo.
Que la inflación núcleo porteña también haya subido a 2,2% —lejos de ser un dato
estacional aislado— es la parte que más debería incomodar a quienes hoy celebran cada
décima a la baja.
La desaceleración de los últimos meses fue real, pero nunca fue gratuita:
se pagó con actividad estancada, salarios que no recuperan terreno y un consumo que
apenas respira.
Ahora que los precios vuelven a acelerar, la pregunta incómoda es si ese
sacrificio sirvió para construir algo sólido o solo para ganar tiempo político hasta las
elecciones.
El Gobierno insistirá en que julio fue una anomalía, un mes de vacaciones y ajustes
tarifarios puntuales. Puede ser.
Pero cuando el dato porteño —que suele anticipar con
bastante precisión al nacional— rompe todos los pronósticos, la explicación fácil empieza
a sonar a excusa.
El IPC Nacional se conocerá el 13 de agosto. Si se confirma ese 2,7%,
ya no habrá margen para hablar de ruido estadístico: habrá que hablar, otra vez, de un
plan que no logra domar la inflación sin frenar la economía.